问答题
Un país caído del mapa
Tomás Eloy Martínez
?
Dónde está Argentina?
?
Es
una potencia o una impotencia;
el cuello del tercer mundo o el rabo del primero
?
(A)
Quizá la mejor forma de acercarse a Argentina es contar sus historias.
Hacia 1928, Argentina era superior a Francia en número de automóviles. Se creía incluso que con el tiempo el poderío industrial argentino sería el cuarto del mundo.
Ya en 1942, sin embargo,
el país
caminaba por un rumbo equivocado y llegaría el momento en que ni siquiera los argentinos sabrían en qué lugar del mundo estaban. Todo empezó, quizás, con las palabras que el máximo poeta nacional, Leopoldo Lugones, pronunció en 1924, tiempo en que el fascismo se había impuesto en Europa y dominaba el futuro. Lugones declaró que
los militares
eran "los últimos aristócratas del espíritu" y que,
espada en mano, deberían imponer el "orden nuevo", con la ley o sin ella
.
(B)
A los militares argentinos les encantaron
esos disparates
y seis a
?
os después
acabaron
con la democracia e iniciaron la era
autoritaria (1)
, que duraría más de medio siglo.
En los a
?
os sesenta, el general Juan Carlos Onganía pretendió convertir a Argentina en un modesto Reich (德意志帝国). Mientras tanto, sus seguidores profetizaban (预测) la inminencia (迫在眉睫) de una tercera guerra mundial en la que ellos asumirían el
liderazgo (2)
de América Latina. No hubo tercera guerra, como se sabe, y
el espejismo (海市蜃楼) de liderazgo les hizo malgastar enormes presupuestos en armamentos inservibles.
(C)
Una década después, los dictadores siguieron empe
?
ándose en ganar la misma inexistente guerra mundial. Era ya un espejismo de grandeza que
florecía
en un mar de pobres. El
penúltimo
(3)
de los militares, Leopoldo F. Galtieri, embriagó (使陶醉) el país entero con la ilusión de que
estaba derrotando
en el Atlántico Sur a las mayores fuerzas
navales (4)
del planeta. El primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, so
?
ó con erigir una Nueva Jerusalén en el país. Y Carlos Menem se ofreció a mediar en las guerras del Cercano Oriente y asoció a Argentina con todas las aventuras bélicas de Estados Unidos, con
el cual mantenía
relaciones carnales.
Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre contradice
(相左,相反).
(D)
En la escuela se ense
?
a que el país es
invencible (5)
, europeo, bien educado, pero cuando los estudiantes salen a la realidad no ven más que la peque
?
ez.
Cuando el país empezó a derrumbarse, en 1995, unos treinta mil universitarios
lo
abandonaron cada a
?
o. Antes del amanecer,
se los veí
a montar guardia a la puerta de los consulados de Italia, Espa
?
a, Canadá, Australia y Estados Unidos
a la espera de visas cada vez más esquivas
(躲躲闪闪的).
(E)
"Yo me voy por desesperación", me dijo a fines de los noventa una investigadora. "Aquí ya no hay nada que hacer". Su marido, un ingeniero de proteínas, repetía: "Aquí no hay lugar para nosotros". Parecían paradojas sin sentido. En el desierto interminable y sin ilusiones, ya no había lugar.
Exiliarse significa saltar hacia fuera. Desde los orígenes de la nación, los argentinos están saltando hacia fuera,
lo cual
significa que el
adentro
es hostil o hay allí algo que
repele
(排斥). Una de
sus
pocas se
?
ales de identidad es precisamente esa incomodidad ante
la patria
, el perpetuo regresar y marcharse que
les desordena (6)
la vida.
José de San Martín, por ejemplo, el héroe máximo de la nación, permaneció en el suelo natal menos de un cuarto de la vida: dieciséis a
?
os sobre setenta y dos; u once a
?
os sobre setenta y dos si se descuentan
los
que
consagró
a la campa
?
a
libertadora (7)
en Chile y Perú. Cada vez que intentó volver,
lo alejaron
con uno u otro pretexto del puerto de Buenos Aires. "No baje usted de su nave", le escribían. "No gaste usted su tiempo en esta tierra de discordia". Abundan ejemplos semejantes. Hacia 1951, Julio Cortázar emigró a París, de donde jamás regresó. Jorge Luis Borges, que había sobrevivido a muchas adversidades de la vida, también se fue meses antes de morir. En incontables poemas y cartas había escrito: "Me enterrarán en Buenos Aires, donde he nacido". Pero, cuando sintió en su cuerpo un cáncer
irremediable (8)
, partió a Ginebra sin despedirse de nadie.
Argentina fue creada a base de ficciones.
La más persistente
consistía en creer que la nación es un país que se había caído de Europa, sin vínculos reales con América Latina. Los que fundaron la nación a mediados del siglo XIX la imaginaban sin mulatos ni mestizos y, por supuesto, sin indios y negros.
Los atroces índices de pobreza
, que avanzaron al galope durante los gobiernos de Menem y Fernando de la Rúa y que alcanzan ahora a dos tercios de la población,
hicieron que el país recuperara la sensatez geográfica
.
(F)
Alguna gente sigue creyendo que la grandeza argentina es invencible. Hace un mes, un lector de mis artículos periodísticos me preguntó, con
visible (9) enemistad (10)
, por qué
decía
que muchos europeos y norteamericanos ni siquiera saben dónde está Argentina. "
Lo
lamento", respondí, "pero
ésa
es la verdad". "Qué
ignorantes
", dijo. "El mundo tendría que aprender mucho de Argentina".
Tal vez el mundo sepa muy poco de Argentina, pero
los argentinos, a su vez, todavía están indecisos sobre cuál es su lugar en el mundo
.
(G)
Hace poco, cuando regresé a Buenos Aires de un viaje por Colombia, Venezuela y Brasil, el taxista me preguntó: "
?
Y qué tal?
?
Cómo andan las cosas por allá, por América Latina?"
Pocas veces sentí como en ese momento que el país no estaba en ninguna parte
:
(H)
ni en el continente al que pertenece por razones de geografía y de cultura, ni tampoco en Europa a la que creía pertenecer por razones de destino. Difícil será contar historias de una realidad que sigue suspendida del aire.
Adaptación de Un país caído del mapa, EL PAíS, 10-08-2003